miércoles, 16 de septiembre de 2009

Bonilla y la conspiración judeo-masónica

Los plenos y comisiones del Ayuntamiento de Vélez cambian a los jueves, lo que ha provocado la enésima gresca entre Gobierno y PP veleño.

El problema radica en que los jueves es cuando el portavoz del PP y, a la vez, parlamentario autonómico, Francisco Delgado Bonilla, tiene sesiones en el Parlamento.


En el amor, la guerra, y (¿por qué no?) la política todo vale. El gobierno, aprovechando su mayoría, ha movido sus fichas, y seguramente exista la mala fe que denuncia Bonilla, pero cada uno juega sus armas, y lo opinable es el estilo con que se utilicen las mismas.

Algunos en los pasillos del Ayuntamiento dicen que mucho han tardado desde el Gobierno en cambiar los plenos. Fíjense como está el nivel de mala leche en la Casa Grande que esto no sorprende a nadie.

Desde el tripartito han señalado en varias ocasiones que están intentando buscar la paz y la convivencia pacífica en el salón plenario, y ésa es la forma elegida: neutralizar a Bonilla para que no pueda asistir a los plenos e intentar que elija el Parlamento para que no haya enfrentamientos con Rincón ni Marín.

No obstante, Delgado Bonilla tiene que tener claro que la vida es una constante elección, y en este caso él tendrá que elegir entre Vélez o Sevilla, o la opción de mantener las dos y hacer más kilómetros que el baúl de la Piquer.

Bonilla asegura que no faltará a los plenos de Vélez. Lo tiene claro. Ya tiene asumido eso de que quién se va a Sevilla pierde su silla, porque ya lo sufrió en sus carnes. Tampoco un pleno sería lo mismo sin el combativo líder del PP.

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